Joan creció entre viñas. De la mano de su abuelo —que da nombre a la bodega— aprendió todo lo que envuelve al mundo del campo y del vino. Sus recuerdos de infancia se ven impregnados de los aromas que desprendían las jornadas de vendimia en el cup: fruta madura confitada y caramelo, dulces de pastelería, gas carbónico… Es en recuerdo a aquel hombre, que supo transmitir el amor por el campo a su pequeño nieto, de donde proviene el nombre de la bodega.
Viticultor por vocación, Joan empezó a hacer sus propios caldos hace ya más de diez años, pero no fue hasta 2013 cuando decidió introducirlos en el mercado.
La voluntad de Joan y su equipo es elaborar unos vinos de calidad, respetando como punto de partida y aspecto prioritario la tierra y la viña, con el fin de obtener la máxima expresión y personalidad de las variedades autóctonas y características del clima de la comarca de la Marina Alta.